Operaciones invernales en cordillera: anticiparse también es responder
La operación en alta montaña presenta condiciones que pueden cambiar de manera significativa en pocas horas. Nieve, viento, bajas temperaturas, pérdida de visibilidad y deterioro de los caminos pueden combinarse hasta transformar una dificultad operacional en una situación de aislamiento o emergencia.
Durante julio, ante el pronóstico de intensas nevadas en la cordillera sanjuanina, el Proyecto Los Azules resolvió desmovilizar preventivamente a 37 trabajadores del Campamento Candadito, ubicado a aproximadamente 3.150 metros sobre el nivel del mar, en Calingasta. La decisión fue adoptada antes del deterioro de las condiciones de circulación, priorizando la seguridad del personal.
Pocos días después, el temporal produjo situaciones de mayor complejidad en el norte argentino. En Antofagasta de la Sierra, Catamarca, 14 personas vinculadas a operaciones de Rio Tinto permanecieron aisladas como consecuencia de las condiciones meteorológicas y posteriormente fueron rescatadas de manera segura. La compañía mantuvo además sus actividades suspendidas preventivamente mientras continuaba evaluando las condiciones de seguridad.
No se trata de comparar decisiones, proyectos o circunstancias. Cada operación posee características geográficas, logísticas y meteorológicas diferentes.
Pero ambos escenarios permiten plantear una cuestión fundamental:
en alta montaña, anticiparse también es responder.
Preservar al personal es el primer objetivo operacional
Cuando se habla de continuidad operacional suele pensarse inmediatamente en mantener caminos abiertos, equipos funcionando y actividades productivas en marcha.
Sin embargo, en escenarios de alta montaña la continuidad comienza mucho antes.
Comienza por preservar a las personas, los recursos críticos y la capacidad de la organización para seguir operando.
Una desmovilización preventiva no necesariamente representa una interrupción fallida de la operación. En determinadas circunstancias representa exactamente lo contrario: un sistema de gestión del riesgo que identificó anticipadamente una condición peligrosa y actuó antes de que las alternativas disponibles comenzaran a reducirse.
Existe una diferencia sustancial entre trasladar personal mientras un camino continúa siendo operable y tener que realizar una evacuación cuando la nieve, el viento, el hielo o la visibilidad ya comprometieron la circulación.
En el primer escenario existe planificación.
En el segundo, posiblemente ya existe una emergencia.
La emergencia que no ocurre también es un resultado
En CURAM entendemos que la gestión de emergencias no comienza cuando se recibe una alarma.
Comienza mucho antes.
Comienza con la identificación de amenazas, la evaluación del terreno, el análisis meteorológico, la preparación de los recursos, la definición de procedimientos y, especialmente, con el establecimiento previo de criterios que permitan decidir cuándo continuar, cuándo restringir una actividad y cuándo detenerla.
Esto es particularmente importante en invierno.
Porque cuando una tormenta ya está instalada, muchas de las decisiones que podrían haberse tomado preventivamente dejan de estar disponibles.
Un camino puede quedar bloqueado.
Una acumulación moderada de nieve puede redistribuirse por efecto del viento y generar sectores críticos.
La visibilidad puede disminuir abruptamente.
La temperatura puede comprometer equipos, vehículos y personas.
Y una situación que horas antes podía resolverse mediante una medida operacional relativamente sencilla puede requerir posteriormente importantes recursos de rescate.
La mejor emergencia, desde el punto de vista de la gestión, sigue siendo aquella que pudo evitarse.
¿Es posible operar durante el invierno en la cordillera?
Sí.
Las operaciones invernales en alta montaña son posibles.
Pero existe una condición fundamental: no puede pretenderse operar durante el invierno exactamente de la misma manera que durante los meses de verano.
Operar en invierno implica adaptar la organización al ambiente.
No alcanza con disponer de camionetas 4x4, cadenas para nieve o maquinaria vial.
Una verdadera estrategia de operación invernal requiere integrar diferentes capacidades: infraestructura, logística, meteorología, vialidad, comunicaciones, salud, rescate y gestión del riesgo.
Antes de sostener una operación durante períodos de nieve deberían analizarse, entre otros aspectos:
autonomía real de los campamentos ante un aislamiento prolongado;
disponibilidad de alimentos, agua, combustible y energía;
capacidad y redundancia de los sistemas de calefacción;
comunicaciones primarias y alternativas;
equipamiento y procedimientos para circulación sobre nieve y hielo;
capacidad de mantenimiento y apertura de caminos;
identificación de sectores expuestos a avalanchas o acumulaciones críticas;
disponibilidad de refugios y puntos seguros;
capacidad sanitaria en sitio;
recursos de búsqueda, rescate y evacuación;
tiempos reales de acceso y evacuación;
monitoreo meteorológico específico del emplazamiento;
monitoreo de las condiciones de nieve;
procedimientos ante pérdida de transitabilidad;
criterios de continuidad, restricción, suspensión y desmovilización.
La preparación invernal es, por lo tanto, un sistema, no la incorporación aislada de equipamiento.
Del pronóstico meteorológico a una decisión operacional
Otro aspecto fundamental es comprender que disponer de un pronóstico meteorológico no equivale necesariamente a gestionar el riesgo meteorológico.
Saber que pueden caer determinados centímetros de nieve es información.
Determinar qué significa esa nieve para nuestra operación es gestión.
La pregunta no debería ser solamente:
¿Cuánto va a nevar?
También deberíamos preguntarnos:
¿Dónde se acumulará esa nieve?
¿Qué efecto tendrá el viento sobre ella?
¿Qué laderas pueden comenzar a representar una amenaza?
¿Qué sectores del camino perderán transitabilidad primero?
¿Cuánto tiempo necesita nuestra maquinaria para mantenerlos abiertos?
¿Qué vehículos podrán circular?
¿Cuál es la autonomía del campamento si el acceso queda interrumpido?
¿Cuánto tiempo necesitamos para desmovilizar al personal?
¿Hasta qué momento podemos hacerlo con seguridad?
¿Y cuál es el punto a partir del cual intentar evacuar representa un riesgo mayor que permanecer en un sitio preparado?
Estas preguntas transforman un dato meteorológico en una herramienta para la toma de decisiones.
Prepararse también significa establecer límites
Una organización puede disponer de excelentes vehículos, comunicaciones satelitales, maquinaria pesada, personal experimentado y equipos de rescate y, aun así, decidir suspender una actividad.
Eso no representa falta de capacidad.
Representa criterio operacional.
La capacidad de respuesta nunca debería utilizarse como argumento para aceptar riesgos innecesarios.
Una estructura preparada no es aquella que confía en poder resolver cualquier emergencia. Es aquella que conoce sus capacidades, comprende sus limitaciones y establece con anticipación los límites dentro de los cuales puede operar de manera segura.
En montaña, esos límites deben estar definidos antes de que la presión operacional, el deterioro meteorológico o el aislamiento condicionen la decisión.
Operaciones invernales: prevención, preparación y respuesta
La extensión de las campañas de exploración, construcción y producción en la cordillera plantea un desafío cada vez mayor para la minería.
Muchos proyectos necesitarán mantener actividades durante períodos que históricamente presentaban una menor presencia operacional.
Es posible hacerlo.
Pero requiere planificación.
Requiere infraestructura diseñada para las condiciones esperables.
Requiere comprender el comportamiento de la nieve y del terreno.
Requiere capacidad de monitoreo.
Requiere logística.
Requiere procedimientos.
Requiere recursos de emergencia.
Y, fundamentalmente, requiere una organización capaz de tomar decisiones preventivas antes de que una condición adversa se transforme en una emergencia.
Nuestro trabajo no empieza cuando ocurre la emergencia
En CURAM Emergencias trabajamos bajo una concepción integral de la gestión de emergencias basada en mitigación, preparación, respuesta y recuperación.
Por eso nuestra participación en una operación no se limita a disponer personal y recursos para actuar cuando algo sucede.
También acompañamos a las organizaciones en la identificación de escenarios críticos, análisis de riesgos, planificación de contingencias, preparación para operaciones invernales, evaluación de accesos, monitoreo meteorológico, gestión del riesgo asociado a nieve y avalanchas y definición de capacidades de respuesta.
Porque una brigada preparada para rescatar personas es indispensable.
Pero una organización capaz de reconocer anticipadamente una amenaza y evitar que esas personas necesiten ser rescatadas es todavía más segura.
La cordillera no necesariamente obliga a detener una operación. Obliga a prepararla de otra manera.
Los acontecimientos recientes vuelven a dejar una enseñanza que resulta central para cualquier actividad desarrollada en ambientes remotos:
operar en invierno es posible. Improvisar en invierno, no.
La infraestructura, la planificación, la información y los recursos adecuados permiten ampliar las capacidades operacionales.
Pero por encima de cualquier objetivo debe permanecer un principio:
preservar a las personas.
Porque en gestión de emergencias, muchas veces, el mejor indicador de que un sistema funcionó es precisamente aquello que no ocurrió.